Ajustado, salvaje y con cremallera frontal. El vestido que no pasa desapercibido (ni quiere hacerlo).
No es un vestido. Es una declaración de intenciones.
Ajustado, corto y con cremallera frontal —por si el drama lo quieres regular tú misma.
El estampado animal lo dice todo sin decir nada, y el corte ceñido deja claro que el protagonismo no se negocia.
Perfecto para noches salvajes, planes improvisados o cuando simplemente te apetece sentirte la más peligrosa del lugar.
En resumen: actitud en forma de vestido.













